“De la fiesta popular al cambio social”

Publicado: 2016/08/22 en Comunicación Social, Comunicación y cambio social
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Por: Rafael Esteban Alvarez.

 “La fiesta tradicional colectiva es un buen tema, pues ella permite manifestar la elaboración de tradiciones que vienen del pasado, adaptándolas a los cambios de la sociedad, y es el espacio en el cual el pueblo puede reafirmar su solidaridad comunitaria, planteándose, al menos durante el tiempo festivo, en forma transitoria, un mundo diferente.[1]

 

  • Las vísperas de plaza. Se abre el telón de la fiesta.

Interrogantes abordados desde la Comunicación Social. ¿Cómo pensar en un proyecto para instaurar una comunidad estable?, ¿cómo generar proyectos de desarrollo social sin llegar a fracasar en el intento?, ¿cómo fortalecer las estructuras sociales al interior de nuestras comunidades?, ¿cómo constituir en la comunidad procesos en los cuales se acepte la legitimidad de las instituciones y la pluralidad de opinión sin que esto afecte la correcta ejecución de los proyectos?… Lo han dicho los estudiosos del tema de las Redes Sociales: “(…) los problemas no son tanto de las personas en sí sino de las redes que habitan. Y en consecuencia, abordar las redes sociales que nos constituyen es la mejor forma de producir los cambios que en cada caso sean pertinentes. [2]

A partir de estos interrogantes empiezo a esbozar mi aproximación al reconocimiento de diversas facetas de la Fiesta Popular que pueden ser utilizadas como herramientas de cambio social, facilitadoras en los procesos de gestión y realización de proyectos de desarrollo.

En todo el contexto de la Fiesta Popular se hallan insertas complejas relaciones del tejido social, que muestran tanto formas de conflicto como de unión y acercamiento. Esta permite a la sociedad generar integración, con la función de aportar a un sentido de pertenencia y de expresión, no sólo de aceptación sino también de inconformismo, de construcción, re-construcción o de-construcción de identidad e imaginarios colectivos. Permite la apropiación de escenarios y la estructuración de calendarios de acuerdo con los intereses de quienes controlan el tiempo social. Imagínense usar esto a favor de las iniciativas de Desarrollo Social; buena parte, sin duda, serían proyectos exitosos.

 

  • La reunión de ‘priostos’. La identificación del problema. 

Muchos de los proyectos de desarrollo social fracasan, incluso desde su planeación, debido a que no se logra el empoderamiento y la apropiación por parte de sus actores, dentro de la comunidad en la cual se pretende desarrollar.

Por otra parte, muchas veces, el gestor pretende hacer un papel protagónico y no establece su verdadero papel de mediador al interior de dichos procesos o pretende imponer proyectos de desarrollo sin ninguna finalidad real, pues en muchos casos lo que pretende hacer la comunidad no lo necesita. El gestor se va y la comunidad, al no haberse apropiado del proceso, pierde el rumbo y el sentido. Finalmente el proyecto fracasa rotundamente o no da los resultados esperados. Debe entenderse y ejecutarse el papel del gestor como mediador en el proceso, nunca como exclusivo timonel. Su importancia debe ir desapareciendo en la misma medida que el proyecto va avanzado exitosamente.

De no tomarse medidas al respecto, los proyectos seguirán fracasando. En primera instancia, los procesos deben nacer de necesidades reales de la comunidad. Posterior a esta premisa fundamental, la comunidad debe apropiarse y apoderarse del proceso que les permitirá superar o satisfacer la necesidad sentida y luego empoderarse con herramientas efectivas para el alcance de los resultados esperados. En muchas ocasiones no hay un sentido de pertenencia que permita la efectiva adherencia al proyecto, pues la necesidad no se percibe o asume como compartida o se elude la responsabilidad a la conlleva emprender un trabajo comunitario.

Las posible solución a estos problemas que pretendo sugerir, hace referencia a la búsqueda de eventos exitosos, en los cuales la comunidad evidencia su cohesión social y su apropiación de los procesos. Es aquí donde sugiero entonces, evaluar la posibilidad de realizar una identificación de situaciones o características que se presentan en la Fiesta Popular Colectiva, en la cual se generan eventos transitorios de cambio social. Una vez identificados estos aspectos, buscaremos su implementación y aprovechamiento para generar actitudes de Cambio Social permanente.

El propósito en entonces, reitero, sugerir la realización de proyectos de desarrollo social en medio de una metáfora de Fiesta Popular. “Hacer de los Proyectos de Desarrollo Social una reiterativa Fiesta Colectiva”.

 

  • A nombre del ‘Santo Patrono’. El motivo del ‘jolgorio’.

“Si hay algo asociado siempre a la experiencia de la fiesta, es que rechaza todo aislamiento de unos hacia otros. La fiesta es comunidad, es la presentación de la comunidad misma en su forma más completa. La fiesta es siempre fiesta para todos. Así, decimos que ‘alguien se excluye si no toma parte‘. La fiesta es comunidad, es la presentación de la comunidad misma en su forma más completa”. [3]

En la calle todas las escrituras son posibles más aun cuando se está en medio de la Fiesta. En ésta, la dinámica social vivida se convierte en espectáculo, aun cuando es de manera transitoria. Esta sirve para poner en escena, partiendo de su característica situación ritual y simbólica, la manifestación de unos imaginarios que buscan trazar, establecer o por lo menos denunciar lo que se quiere como camino de construcción de lo local o de lo nacional. Por lo anterior, y aun cuando se ha considerado por muchos estudiosos de la Fiesta, que esta permite reunir comunidades en torno a un objeto común sin discriminaciones, no puede negarse que en nuestras tradicionales Fiestas Populares se presta el escenario perfecto para poner escena las diferencias, la existencia de intereses de algunos grupos, ya sean de elite o no, o el espacio propicio donde estas mencionadas elites resaltan sus dominios y donde los demás quieren aprovechar para derrumbarlos. Me apoyo en la ostentación pública, por ejemplo, que hacen las autoridades de turno en la realización de nuestras tradicionales Fiestas Patronales.

Quienes me han escuchado hablar antes del tema dirán quizá que me aparte de mi romántica concepción, según la cual exponía que en estas actividades se amalgaman las clases sociales y se anulan las diferencias, pero lo que me conlleva a hacer esta apreciación no es más que un argumento necesario para mostrar algunos aspectos que, en el temporal evento festivo, permiten demostrar el papel de la Fiesta Popular como Herramienta de Cambio Social. Más que excluir las diferencias en medio del agite de la Fiesta, estas deben  presuponerse.

 

  • A lo que vinimos. “¡Echen pólvora, que toque la banda y que empiece la fiesta!” 

A continuación tratare de esbozar, a partir de un ejercicio dialéctico, los  presupuestos teóricos según los cuales considero que la Fiesta Popular (en cualquiera de sus expresiones, clases o como quiera entenderse) se convierte, aunque de forma temporal, en una actividad que apoya, genera y pone en funcionamiento herramientas de cambio social.

Entendiendo el cambio social como una alteración notoria de las estructuras sociales, las consecuencias y manifestaciones de esas estructuras ligadas a las normas, los valores y a los productos de las mismas; podemos entender entonces como las Fiestas Populares transgreden el orden establecido, de forma temporal, para imponer nuevas normas, roles, actividades, situaciones, niveles, jerarquías, normas, etc. En la propuesta expongo nueve aspectos, que derivan a la identificación de situaciones o características que generan eventos transitorios de cambio social. Más que generar una absoluta respuesta, se busca generar un debate con respecto al cómo lograr el aprovechamiento de estos aspectos para generar actitudes de cooperación facilitada y permanente.

El ejercicio que a continuación desarrollare pretenderá, a partir de una canción intitulada “Fiesta”, realizar un paralelo en el cual cada una de sus estrofas da pie para describir algunas particularidades de la fiesta popular colectiva. En esta canción, que ha sido interpretada por Joan Manuel Serrat,  he encontrado una asombrosa sinopsis de lo que en nuestro ámbito nacional y latinoamericano es el Evento Festivo Popular.

Aquí va pues, el paralelo dialéctico:

Fiesta
(Joan Manuel Serrat)

Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras
de mi calle, ayer a oscuras
y hoy sembrada de bombillas.

Y colgaron de un cordel
de esquina a esquina un cartel
y banderas de papel
verdes, rojas y amarillas.

Y al darles el sol la espalda revolotean las faldas
bajo un manto de guirnaldas para que el cielo no vea,

en la noche de San Juan,
cómo comparten su pan,
su tortilla y su gabán,
gentes de cien mil raleas.

Apurad
que allí os espero si queréis venir
pues cae la noche y ya se van nuestras miserias a dormir.

Vamos subiendo la cuesta
que arriba mi calle
se vistió de fiesta.

Hoy el noble y el villano,
el prohombre y el gusano
bailan y se dan la mano
sin importarles la facha.

Juntos los encuentra el sol
a la sombra de un farol
empapados en alcohol
abrazando a una muchacha.

Y con la resaca a cuestas
vuelve el pobre a su pobreza,
vuelve el rico a su riqueza
y el señor cura a sus misas.

Se despertó el bien y el mal
la pobre vuelve al portal,
la rica vuelve al rosal,
y el avaro a las divisas.

Se acabó,
el sol nos dice que llegó el final,
por una noche se olvidó
que cada uno es cada cual.

Vamos bajando la cuesta
que arriba en mi calle
se acabó la fiesta.

Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras de mi calle, ayer a oscuras y hoy sembrada de bombillas.

Y colgaron de un cordel de esquina a esquina un cartel y banderas de papel verdes, rojas y amarillas.

 

El primer hecho visible que muestra la llegada del Evento Festivo es el engalanamiento del lugar en el cual se realizara: la Calle, la Plaza Pública. Recurro a Bajtin para argumentar esto: “El lugar del carnaval no es otro  que el de la plaza pública. El hombre de la Edad Media poseía dos vidas: la una oficial, seria y taciturna, sometida a un orden jerárquico, rígido, impregnado al dogmatismo,  miedo, veneración y piedad, y la otra vida, de carnaval y de plaza pública, llena de risas ambivalentes, de profanaciones.”. Aquí ya podría citar la existencia de dos aspectos o características de Cambio Social atadas a la realización de la Fiesta Popular:

El Primero: Autogestión y empoderamiento. La limpieza y el engalanamiento voluntario de fachadas, andenes, calles y plazas sin la presencia de presiones de ningún tipo, más que el de ser partícipe activo de la fiesta que se avecina y en donde no se espera que las administraciones municipales designen funcionarios para esto (asistencialismo), pues de manera colectiva se busca imprimir un sello que revitalice el sentido local. Además, una situación que se presta como la oportunidad para lucir aquello que se considera más valioso.

El Segundo Aspecto que podría citar, apoyado en la cita de Bajtin, es el afloramiento de una oportunidad que da la plaza pública para mostrarse, para el establecimiento de la vida social colectiva en la cual se permite la expresión de cualquier tipo, en la cual el individuo se desprende de sometimientos internos. Ya lo hemos escuchado antes, si bien es cierto que la fiesta establece la posibilidad de que una comunidad se represente a sí misma y se reafirme en el uso de sus valores y tradiciones, esta también permite la liberación catártica de las tensiones individuales. El Espacio Público como lugar de encuentro masivo, es el espacio para expresar las diferencias, para tomar posiciones o para liberarse de ellas.

Es innegable la presencia fundamental de un Tercer Aspecto, evidencia de la existencia de un proceso de Cambio Social desarrollado desde otrora. La fiesta como vehículo de convocatoria, movilización y catarsis. La frase inicial de la  Canción nos da las pistas:Gloria a Dios en las alturas…”. En nuestras fiestas populares la distinción o la separación de la relación entre lo ‘Sagrado’ y lo ‘Profano’ es una tarea difícil. Nuestras fiestas son fundamentalmente justificadas en razones religiosas, aun cuando el fin último de estas se separe radicalmente de su causa. Quizás queramos escudar, disculpar o purgar  nuestros excesos antes de cometerlos, dándole un motivo religioso a nuestras celebraciones. ¿Justificación de los excesos por el motivo de la celebración?, ¿auto indulgencia ‘prepago’?  Dígame usted, querido lector, si lo que voy a expresar no es cierto: Cada municipio, corregimiento, barrio, vereda o agremiación está encomendada a alguna ‘divinidad’: El país del Sagrado Corazón, los Santos Patronos Municipales, la Virgen del Carmen para los Transportadores, Santa Cecilia para los músicos, y así por el estilo existen innumerables ejemplos. Citando a Javier Ocampo López: “Ciertas formas festivas son una verdadera parodia del culto religioso, son decididamente exteriores a la Iglesia y a la religión, como se expresa en las fiestas patronales(…), donde el nombre del santo patrono es apenas una disculpa para realizar una fiesta que tiene más rasgos de carnaval pagano que de fiesta cristiana.” Se plantea así la Fiesta Religiosa y Popular como una de las herramientas más útiles para convocar y movilizar a la comunidad. Se combina así la ritualidad sacra y el posterior goce ‘pagano’  colectivo. Se presenta además otra cuestión, la existencia y continua generación de Fiestas Populares.  ¿Es acaso una búsqueda constante de espacios de Catarsis?

En una próxima oportunidad les contare lo sencillo que es crear una fiesta popular. Intervine en un experimento, ayudado por unos amigos de mi pueblo, en el cual instauramos la Celebración del día de Santa Cecilia, Patrona de los Músicos.

Quiero establecer aquí una pausa y quisiera abrir un espacio inicial para el debate. Me asaltan diversos cuestionamientos:

  • ¿Es posible y conveniente lograr el establecimiento de algunas de estas características de cambio social de manera más repetitiva?
  • ¿Puede lograrse un compromiso que conlleve al Establecimiento de Políticas de Cultura Ciudadana, basados en situaciones, que como en la Fiesta Popular, nos convencen del embellecimiento autónomo de nuestras localidades?
  • ¿Se puede en un ámbito distinto al de la Fiesta Popular, el establecimiento de Espacios o Prácticas Individuales o Colectivas de Catarsis, o de denuncia pública sin el temor a represalias?
  • ¿Es quizá la frecuente creación y realización de Actividades Festivas con excusas Religiosas, la oportunidad más conveniente para establecer practicas de Catarsis, con algún tipo de autocontrol moral, que es quizá impuesto por el carácter sagrado de la fiesta?

Y al darles el sol la espalda revolotean las faldas bajo un manto de guirnaldas para que el cielo no vea,
en la noche de San Juan, cómo comparten su pan, su tortilla y su gabán, gentes de cien mil raleas.

Inicio ahora la entrada al plano romántico de la Fiesta Popular. La ruptura de Tiempo – Espacio dentro de un proceso de ritualidades que empiezan a evocar la igualdad y, por ende, la aniquilación de las diferencias. La fiesta popular, en espacio en el cual se desfiguran temporalmente los contrastes.

Encontramos así un cuarto aspecto que señala Cambio Social: La Fiesta Popular permite recuperar el sentido de la igualdad, la sencillez, la humildad y la cooperación. Se activan sistemas de reciprocidad e interdependencia, se renuevan vínculos familiares, vecinales, barriales, locales. Se crean agremiaciones con fines comunes (Priostes y Hermandades). En fin, como lo mencione antes, se logra estar dentro de un contexto de cooperación, confraternidad, unión y tolerancia (y no hable de respeto, no porque no exista como tal, sino que toma otra dimensión que más adelante explicaré). Invoco aquí la intervención de Gloria Triana: “La fiesta tradicional colectiva (…) permite manifestar la elaboración de tradiciones que vienen del pasado, adaptándolas a los cambios de la sociedad, y es el espacio en el cual el pueblo puede reafirmar su solidaridad comunitaria, planteándose, al menos durante el tiempo festivo, en forma transitoria, un mundo diferente …”

Hallamos luego un quinto aspecto: se establece un nuevo orden y la trama ritual toma prioridad por encima de la trama de relaciones cotidianas antes establecidas por relaciones de subordinación. Ese manto de guirnaldas del que nos habla la canción, que oculta al nuevo establecimiento social. Este aspecto hace referencia al acontecimiento por el cual los individuos se comportan de forma distinta a la usual. Los partícipes de la fiesta se visten de otra forma (sea porque se engalana o mejor aun porque se disfrazan), adoptan comportamientos diferentes, asumen nuevos roles. Las manifestaciones y los lenguajes cambian, lo simbólico toma relevancia principal, permitido dentro de lo individual, pero con mayor validez cuando se hace en lo colectivo, en lo consensuado. La fiesta es el momento privilegiado donde se dejan de lado los esquemas de la vida cotidiana para sumergirse en medio de un ritual en el cual se nos otorgan nuevas cualidades. Cambian las redes, las formas y motivos de relación.

Bajo esa nueva condición se nos permite la denuncia, la retaliación y la subversión, donde no hay temores a las represalias, no hay condenas legales. Se pierde, transitoriamente, el respeto a la institucionalidad establecida. (Dentro de los límites de lo que se considere suficiente y aceptable). Y como en un juego, aceptamos las nuevas “reglas”, para gozar la gratuidad de la emoción y la energía, que en la fiesta tienen los participantes que asumen el rito.

Derivo a un sexto aspecto. Las ‘imágenes’ de la fiesta popular provocan una reflexión sobre la potencia de lo audiovisual (del mensaje multimedia – multisensorial) y su utilidad social: las indumentarias, las comparsas, la música <las representaciones sociales>. Entramos aquí a un plano semiótico y hermenéutico. No es mi competencia en este escrito ingresar a un análisis semiótico del ritual festivo, dada la amplitud, complejidad y enorme diversidad de símbolos, signos y mitos que se pueden mencionar al interior de este. La fiesta es una congregación en torno a un catálogo simbólico y este catálogo se ve materializado por muchas expresiones: la gastronomía, los instrumentos musicales, los atuendos, las mascaras, los adornos, las carrozas, las comparsas, los actos culturales, las escenografías, los juegos pirotécnicos, las artesanías, en fin, diversas e innumerables producciones portadoras de mensajes.

Apurad, que allí os espero si queréis venir, pues cae la noche y ya se van nuestras miserias a dormir. 

Vamos subiendo la cuesta, que arriba mi calle se vistió de fiesta.

Puede considerarse un séptimo aspecto, establecido dentro de las bases y antecedentes de lo que hoy cimienta la corriente de la Comunicación y Cambio Social: Las fiestas populares entendidas como una forma Alternativa de comunicación y, consecuentemente, de aprehensión de la realidad. Lo ALTERNATIVO, dentro del proceso social comunicativo se ha planteado como una opción de reivindicar a las comunidades en su papel histórico, político y comunicativo. En tales condiciones, las fiestas populares hacen practica de esta concepción pues se muestran como un espacio en el cual las comunidades afloran sus costumbres y tradiciones, donde se puede demostrar el descontento o la inconformidad dentro de un ambiente festivo, donde fluyen un sinnúmero de herramientas comunicacionales que van desde lo oral y lo escrito hasta lo kinético (y sus gestos de comunicación simbólica) y en sí a una gran variedad de ‘textos’ de posible lectura.

Las fiestas populares se constituyen como mensajes alternativos, pues usa enfoques diversos de divulgación cultural, en muchos casos distintos a los acostumbrados. Y me refiero con esto a la capacidad que tienen de subsistir aun cuando los medios masivos de comunicación no les divulgue. Así también, el producto cultural es intersubjetivo, co-construido, y responde a un proceso creativo en el que se unen los fines con la recursividad expresiva de los actores: coplas, comparsas, matachines, testamentos, bandos, etc. Prevalece la Oralidad ante las demás formas de divulgación y así su transmisión ha sido altamente efectiva.

El contenido del mensaje de la fiesta se fragua con meses de anterioridad, y es así como ahora las cantinas, plazas, parques, cafeterías y tiendas de barrio juegan un papel importante. Ya lo había dicho antes Heraclio Bonilla, cuando hacía referencia a las “chicherías”: “Generalizando, a nivel popular, dentro de nuestro contexto de pueblos y parroquias, el quehacer en la vida cotidiana y los atropellos percibidos desde lo social o político percibido por la gente, han sido registrados y transmitidos en procesos de comunicación alternativa tanto orales como escritos (panfletos, pasquines), Aunque dada la intangibilidad de muchas de nuestras manifestaciones, la Oralidad y las costumbres prevalecen por encima de las fuentes escritas”.

Es en estos sitios antes mencionados donde se concatenan diversos encuentros y tertulias, fortaleciendo la creación de dos eventos: El Mito y el Chisme, positivamente útiles según Luis Carlos Restrepo, como elementos fundadores de cultura: “En los grupos estas son las palabras que se privilegian debido a que nunca vienen solas. Provocan la producción de relaciones, la actividad comunicativa”. Y es de dicha actividad comunicativa que surge la fiesta popular como producto de la colectividad en busca de un espacio de representación, diversión o catarsis.

Podría continuar la defensa de la Fiesta Popular como proceso de construcción de mensajes alternativos, esta vez haciendo alusión a nuestras frecuentes Fiestas Religiosas, pues como ya lo había mencionado antes, en el tercer aspecto de cambio social ligado a la fiesta popular que expuse en este escrito: Muchas de nuestras festividades apropian la forma de un mensaje supuesto según el cual se motivan por una conmemoración religiosa, cuando en verdad su contenido y finalidad agregan elementos exteriores a la iglesia y a la religión para convertirse en un festival cargado de paganismo. Esto es un vivo ejemplo de lo que en Comunicología se ha llamado ‘Inversión del signo’, proceso a través del cual se apropia la forma del mensaje pero se cambian los contenidos. Esto resulta muy útil cuando se quiere hacer comunicación alternativa.

Hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha.
Juntos los encuentra el sol, a la sombra de un farol, empapados en alcohol abrazando a una muchacha.

Nuestra visión romántica de la fiesta se hace de nuevo presente para exponer un octavo aspecto de Cambio Social: Con la Fiesta Popular se logra cierto desdibujamiento de las Fronteras Sociales. Culturas diversas, sociedades yuxtapuestas, contradictorias, polivalentes, polisémicas, ambiguas, de diversas clases sociales, estratos, actividades, niveles de educación, orígenes, devociones y condiciones. Todas juntas y en convivencia, en contacto y en unión. Y esto, dentro de muchas de las explicaciones que pueda darse, logra entenderse como manifestación, como herramienta o como pretexto para aflojar anudamientos y posibles conflictos que estas mismas fronteras causen, o porque se busca entre todos estos actores propiciar un agente de cohesión social.

Este aspecto resulta particularmente muy amplio e interesante, porque así como se postula, puede también aplicarse, no sólo a aquella diversidad relacionada a los actores humanos de la Fiesta en cualquiera de sus denominaciones, sino a todos componentes del Contexto Social que figuran en la conformación de la misma. Recurro a Bajtin para afirmarlo: “El carnaval acerca, reúne, amalgama lo sagrado y lo profano,  lo alto y lo bajo, lo sublime y lo insignificante, la sabiduría y la majadería, el nacimiento y la muerte,  la maldición y la bendición,  la alabanza y el insulto, la cara y la espada.  Todo esto expresado en imágenes dobles construidas según la ley de los contrastes. El carnaval no absolutiza nada, sino que reclama en dicha la relatividad Universal”.

 Es así, como en nuestras Fiestas Populares se logra la afluencia y participación de todos los actores posibles: sociedad civil, autoridades civiles y eclesiásticas, pobres, ricos, trabajadores, desempleados, comerciantes, mineros, transportadores, agrícolas, ganaderos, estudiantes, analfabetas, negros, mestizos, indígenas, extranjeros, en fin, toda la diversidad que en muchos más renglones pueda mencionarse. Aparecen entonces elementos que levantan así una rebelión de formas, códigos, imágenes y discursos potencialmente insurgentes a los establecidos. El contacto general de todos los participantes está dotado de un cierto sentido: el individuo se siente parte indisoluble de la colectividad, miembro del gran cuerpo popular, se refuerza el sentido de pertenencia a un grupo. Afectivamente se renueva el sentimiento de que no se está solo en el  mundo, que no se es un ser aislado, sino miembro de un grupo que le respalda, lo protege y está ahí como referente continuo.

Hay ahora, estimado lector, un noveno aspecto, que aplicado en otros contextos, denotaría a los gobiernos excelentes ingresos: La fiesta canaliza una economía del “gasto desinteresado”. En la fiesta se realiza un gasto que cualquier sistema de recaudo de impuestos envidiaría. Se realiza un gasto generoso, donde se reparten los pocos o muchos ingresos. En Boyacá, como en otras muchas partes de nuestro país, la formula general del gasto festivo es la misma: música a mucho volumen y por supuesto, mucho licor y mucha pólvora. En estos excesos es que se gasta el dinero. Es más, a algunos desprevenidos estos tres ingredientes les hace pensar que con estos ya todo el ritual festivo estuviera cimentado y que alrededor de este se desenvuelven los demás aspectos.

El cuestionamiento se dirige a la búsqueda de un sistema o metodología que haga uso de este desprendimiento para ser dirigido a causas más provechosas al individuo y a sus comunidades. La cuestión es esa, explorar la posibilidad de aprovechar este derroche hacia el propio beneficio. Y no es el hecho de hacer uso de los conocidos ‘bazares’ o algo semejante, pues desde ya se entiende que estos ya tienen un objetivo lucrativo en su preparación, cosa de la que se presupone no tiene una fiesta popular.

Sin embargo, Néstor García Canclini en su publicación “Consumidores y Ciudadanos. Conflictos Multiculturales de la Globalización”, halla dentro de estos gastos suntuosos, una justificación: “No sólo porque un cumpleaños o el aniversario del santo patrono justifiquen moral o religiosamente el gasto, sino porque en ellos ocurre algo a través de lo cual la sociedad consagra una cierta racionalidad que la ordena y le da seguridad”. Canclini liga todo esto como parte del amplio ritual que se cumple dentro del evento festivo y de lo cual ya se ha dado entender ampliamente. El gasto da entonces cierto sentido de participación, de convivencia y de adhesión al ritual practicado por los otros. Regreso a Canclini: Mediante los rituales, dicen Mary Douglas y Baron (Isherwood), los grupos seleccionan y fijan – gracias a acuerdos colectivos – los significados que regulan su vida. Los rituales sirven para “contener el curso de los significados” y hacer explicitas las definiciones publicas de lo que el consumo general juzga valioso. Son rituales eficaces aquellos que utilizan objetos materiales para establecer los sentidos y las practicas que los preservan. “Cuanto más costosos sean estos bienes, mas fuertes será la inversión afectiva y la ritualización que fija los significados que se les asocian”. Por eso ellos definen a muchos de los bienes que se consumen como “accesorios rituales” y ven el consumo como un proceso ritual, cuya función primaria consiste en “darle sentido al rudimentario flujo de los acontecimientos”.

 Se fija así entonces a la fiesta como el “tiempo del gasto”. En muchos carnavales y fiestas populares son asombrosas las sumas de dinero que se gastan, así como la cantidad de objetos que se consumen, sin contar por supuesto las enormes cantidades de comida y los miles de litros de licor que se consumen, recordemos, esto solo se logra dentro del mínimo lapso del evento festivo popular.

Así también, los procesos sociales y económicos de un territorio determinan cambios en la Fiesta y su sentido.  Esto nos daría otro eje de profundización en la Fiesta que no cabe mencionar dentro de este escrito. Por mencionar solo algunos, esta por ejemplo las fuentes de sostenibilidad y financiación de la fiesta, lo que nos llevaría a hablar quizá de priostes y hermandades. Por otro lado podríamos mencionar la influencia de la Publicidad dentro de las fiestas populares, en ámbitos de patrocinio o divulgación, lo que ha desvirtuado ya muchas de nuestras fiestas colectivas, para convertirlas en vitrinas y en un absurdo desfile de marcas registradas, en la reproducción de fetiches foráneos consagrados por los medios masivos. Pierde así la fiesta, para mi tristeza y para la de muchos de ustedes, su sentido de transgresión y catarsis para adquirir ya el carácter de estante y vitrina para la pauta publicitaria.     

No debe perderse el sentido de la fiesta, el consumo en exceso hace parte de la misma. La borrachera, por ejemplo, desinhibe al sujeto celebrante para expresar sus inconformismos, libera las tensiones contra otros, recurriendo incluso en muchos casos a la violencia. Así mismo, por este estado de trance, por así decirlo, se hacen explícitos muchos sentimientos represados, sea cual sea su naturaleza. Se logra así un interesante episodio de Cambio Social, que pone en su orden a muchas cosas que no lo estaban. Interesante aspecto ¿no les parece?

Y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas.
Se despertó el bien y el mal el pobre vuelve al portal, el rico vuelve al rosal y el avaro a las divisas.

Colofón melancólico de Serrat. Se cierra ya nuestro transitorio y esperanzador suceso. Luego de los excesos vuelve todo, lastimosamente, a su entramada cotidianidad. Cada cual vuelve a asumir sus roles, efímeramente apartados hace un momento. Los puntos de identidad se resquebrajan para situarnos de nuevo dentro de la excluyente clasificación social. Las brechas vuelven a abrirse. Nos ligamos de nuevo a la temporalidad y a la racionalidad. Se esfumó ese paraíso donde todo estaba permitido. Ahora, en la realidad, se debe seguir en la lucha por reivindicarse de las batallas perdidas. Sólo quedó el deseo de que la fiesta no se acabe, de que siga celebrándose. Pero nada puede hacerse, solo esperar que regrese pronto. Ansiamos con desdén ese ANTÍDOTO FESTIVO, que curó, en su temporalidad, algunas dolencias sociales que ahora vuelven ahora a sentirse.

 

  • ‘El desenguayabe’ y la rendición de cuentas.

 Así como cuando se acaba la fiesta popular y los priostes se reúnen a hacer un balance y a vislumbrar una próxima celebración, los exhorto ahora a la lectura de algunas notas complementarias a la formulación de la tesis que motiva esta producción académica.

Les comento, esta ponencia tiene una intencionalidad paralela. Un pilar fundamentado en estrategias relacionadas a ‘Comunicación y Educación’: “Las manifestaciones sociales en su dimensión histórica, cultural, económica, política y ambiental aportan en la construcción de estrategias de comunicación que consulten las dinámicas y las especificidades de la realidad múltiple y cambiante en que se inscriben en los grupos humanos, las organizaciones y las redes sociales que los articulan”.   (SALINAS, 2001). La anterior cita, me permite expresar cómo la Fiesta Popular Colectiva y los nueve aspectos (herramientas) de cambio social reseñados en esta ponencia pueden aportar a la generación de una estrategia de gestión o mediación social con la cual se logre involucrar efectivamente a las comunidades dentro de sus propios procesos de desarrollo social.

La propuesta invita articular el contexto festivo como herramienta de gestión social, aprovechando sus virtudes de convocatoria, cooperación y cotidianidad. Me argumento, para concluir, en lo que expone Alexandra Acosta Cifuentes, autora del Módulo de comunicación y Educación de la UNAD: (…) para que la comunicación contribuya en los procesos de desarrollo comunitario o local, indispensablemente debe estar articulada estratégicamente a los planes, programas y proyectos que se estructuren, como un instrumento que movilice la participación ciudadana y comunitaria desde los sentidos de identidad y las condiciones prácticas de reproducción social, es decir, ligados al “mundo de la vida”.

¿Usted qué opina? ¿Es posible usar la Fiesta Popular como herramienta de cambio social? Cito, para darme tranquilidad y esperanza, a Rainer Maria Rilke: “Ahora vive las preguntas. Tal vez luego, gradualmente sin notarlo llegues algún día distante a la respuesta”.

 

[1] Gloria Triana. http://www.lablaa.org/blaavirtual/publicacionesbanrep/boletin/boletin13/bole9.htm.

[2] Redes y conjuntos de acción: para aplicaciones estratégicas en los tiempos de la complejidad social. Tomás R. Villasante – Universidad Complutense de Madrid. REDES- Revista hispana para el análisis de redes sociales. Vol.11,#2, Diciembre 2006. Pág.2.

[3] Hans-Georg Gadamer.

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